QUEMA DE CAÑAVERALES
La zafra azucarera está finalizando y para que nadie se olvide de ella en los próximos meses, los productores han decidido inundar toda la provincia con las cenizas que resultan de las quemas de cañaverales. Es evidente que los esfuerzos oficiales para erradicar (o siquiera moderar) tan nociva práctica para el medio ambiente y la salud humana han fracasado rotundamente. Es lógico, se trata de un asunto que no se resuelve con exhortaciones. Se impone, por el contrario, establecer un férreo esquema de control en las bocas de molienda, con insobornables inspectores y contundentes penalizaciones para los ingenios que acepten caña quemada. Espero que nuestros políticos se ocupen seriamente (aunque sea una sola vez) de tan delicado problema.
Pablo Labal
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